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Dos mujeres observan una maqueta de pisos en la última edición de Urbe.
BURGUERA | VALENCIA
Después de la Guerra Civil, cuando las gachas calientes eran un lujo, Antonio y Eleuteria se compraron por 40.000 pesetas un piso en Madrid, en la calle Divino Vallés, junto al paseo de las Delicias. La adquisición de la pareja fue un hito familiar. La nueva vivienda, pagada a tocateja, contaba con aseo, cocina, salón y dos habitaciones, un pisazo de entonces, si bien ahora resultaría pequeño, pues la superficie pisable del piso no llegaba a los cuarenta metros cuadrados. ¿Pequeño? Tiempo al tiempo.
Tras los años de posguerra, a partir de la década de los 70, los españoles abandonaron aquellos pisos tan escasos como una caja de cerillas. Pero todo vuelve, o por lo menos va camino de volver. Por primera vez durante la presente década, los pisos nuevos construidos en la Comunitat Valenciana registran una superficie media inferior a los cien metros cuadrados.
Se rompe una nueva barrera, pero hacia abajo. Al minimalismo decorativo se le suma un espacio habitable también cada vez más mínimo.
Las viviendas en bloque (los pisos) visadas como obra nueva por los colegios de arquitectos de la Comunitat entre enero y agosto ocupan una superficie media de 98,175 metros cuadrados, el menor tamaño registrado en ese mismo periodo de tiempo desde que el Ministerio de Fomento inició en el año 2000 la publicación de este tipo de datos.
Es la primera vez en el tiempo computado que se dedica menos de cien metros cuadrados a cada piso nuevo construido en tierras valencianas.
Es tiempo de decir adiós a las viviendas de cuatro estancias, como la que compró Ángeles, la hija de Eleuteria y Antonio, en Valencia, junto al jardín de Ayora, con pasillos casi kilométricos y espacio suficiente para vivir padres, hijos, una abuela y un perro.
La oferta de pisos de cuatro habitaciones en fincas de obra nueva es escasísima. Prácticamente nula. Sobre todo si se tiene en cuenta que la oferta se ha reducido a la mínima expresión debido a la crisis, y que la obra nueva se parece cada día más a una especie en vías de extinción.
Los nuevos pisos son, por tanto, cada vez más pequeños, y la polémica apuesta por los minipisos lanzada en su día por, María Antonia Trujillo, ex ministra de Vivienda del primer Gobierno de Zapatero es, conforme pasa el tiempo, menos polémica, y ya se verá si no se convierte en lo normal. Los pisos de una habitación, o de dos, son moneda común.
El argumento para jibarizar las viviendas es que la sociedad ha adquirido nuevas costumbres y en el mercado inmobiliario han aparecido nuevos compradores: se ha producido una reducción del tamaño de las familias y se registra un progresivo aumento de personas solteras y divorciadas que precisan de una vivienda. A esos hábitos se añade que el coste de cada metro cuadrado construido es cada vez mayor, lo que impide ofrecer pisos grandes porque son pocos los que los podrían pagar al precio que se demanda.
La superficie media por vivienda de obra nueva visada por los arquitectos valencianos se ha ido reduciendo año a año. Como promedio, durante el 2000, se construyeron pisos de un tamaño medio de 106,8 metros cuadrados; un año después, un poco menos (106,2 metros); y llegó 2002, y otro recorte (105,6). El año pasado se edificó en bloque viviendas de un tamaño medio de 103,9 metros cuadrados. La barrera del centenar de metros estaba ahí para ser saltada, y ya lo ha sido.
Sin embargo, una cosa son los hábitos reflejados en las estadísticas y otros las aspiraciones y necesidades que viven los valencianos en su día a día. Adela, hija de Ángela y nieta de Eleuteria, se compró una vivienda en una finca rehabilitada del centro de Valencia. Se derribó todo excepto la fachada exterior, y se hicieron los pisos a la medida, usos y costumbres actuales. Total, que Adela y su pareja han acabado en un piso de 70 metros cuadrados y dos habitaciones, y con 240.000 euros a deber al banco; sin embargo, la familia ha crecido, o va a crecer, pues Adela está embarazada, por lo que emplea ese tiempo previo a dormirse cada noche a pensar dónde va a meter el despacho que montó en la habitación que ahora será de su bebé.
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